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Cerrando el círculo 1 Junio, 2008

Posted by No Blog in Soliloquios.
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Empecé este blog para ajustar cuentas con el pasado. Quería hablar de mi vida social. Y quería hablar de ciertas mujeres que se cruzaron en mi vida para una vez asumidos todos mis errores sacar alguna lección. Pero cuanto más escribía del pasado más me daba cuenta que en realidad describía círculos sobre un mismo tema sin atreverme a tocarlo. Necesitaba más que saldar cuentas con el pasado saldar cuentas con un cierto pasado.

El primer paso lo di el día de su cumpleaños. Después de haber pasado casi tres años desde que decidiera hacerla desaparecer de mi vida le mandé un SMS pretendidamente mordaz. Terminamos hablando por teléfono y, como siempre, se comportó conmigo como si yo resultara alguien importante y único en su vida. Habló de sus muchas ganas de hablar conmigo de tantas cosas. Y como siempre pasó el tiempo y no supe nada de ella.

De vuelta de las vacaciones hice una parada en su ciudad y ya que iba a estar un día allí le propuse quedar. Hablamos largo y tendido y sólo me atreví a abordar el tema cuando faltaba media hora para que mi autobús saliera. Fue la primera vez que le oí pronunciar las palabras que más deseé en su momento escuchar. Que ella por fin había entendido el papel que todos, también ella, habíamos jugado en aquel culebrón adolescente. Le oí por primera vez hablar con franqueza de sus errores y supe que sólo al final había entendido al fin las intenciones y la naturaleza de los otros.

Como todo en mi vida llegaba tarde y mal. Ya nada podía cambiar y por un instante los dos sentimos la desazón ante la duda de qué hubiera sido de nosotros si ella hubiera entendido las cosas a su momento. Cuánto dolor y cuantas idioteces nos habríamos ahorrado. Una vez más, pareció que algo especial nos unía más allá de que nuestras vidas fueran tan diferentes y recorrieran caminos tan distantes. Supe aún así, tomármelo como todo lo que provenía de ella con cautela. Pero por primera vez en años sentí que una herida quedaba definitivamente cerrada. Por primera vez ya no sentía rencor y no sentía que algo del pasado me quemaba por dentro.

Apenas volví a saber de ella, así que a los pocos meses acepté la invitación que quedó en el aire y me planté en su ciudad. Aquel largo fin de semana que me quedé en su piso redescubrí todas las cosas de ella que me gustaban. Casi las había olvidado de tanto contar el relato de lo que viví a su lado y convertirla en un personaje caricaturesco. También redescubrí todo aquello de ella que me sacaba de quicio. Pero sobre todo, que uno y otro están indisolublemente unidos.

Volvimos a vernos en Navidad. Comprendí cosas nuevas que me hicieron darle vueltas a la fascinación que sentí en su momento por el mundo al que ella pertenecía. Las cosas desde luego han cambiado. Porque ahora no albergo ningún anhelo oculto de entrar en mundos ajenos, sino en hacer el mío más habitable y fascinante.

Este fin de semana se suponía que íbamos a vernos. Yo cruzaría media España para verla actuar en un festival internacional de teatro. Pero desistí de hacerlo tan pronto intuí que iba a ser una encerrona. Yo iba a estar de más allí. Lo viví cuando éramos pareja. ¿Cómo no iba a volver a pasar ahora? Y me sorprendo a mí mismo sintiendo que ella podría diluirse hoy en las nieblas del pasado y no lamentarlo.

Quería con este blog saldar cuentas con la vida social que llevé cuando me mudé a esta ciudad, con las mujeres que pasaron por mi vida sin dejar huella, con ella… Ya lo he hecho. Y ahora mismo mi vida es otra cosa. El círculo se ha cerrado y toca cerrar este blog.

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