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Soy uno de esos 31 Mayo, 2008

Posted by No Blog in Soliloquios.
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Leyendo el blog de una madre estadounidense que educa a sus hijos en casa (“homeschooling”) me llamó la atención que contara su especial empeño en que uno de sus hijos aprendiera a estar absorto en sus pensamientos. ¿Hace falta que te enseñen a hacer eso?

Cuando llegué a mi empresa encontré que me aburrían enormemente las charlas de sobremesa. Empecé poniendo excusas para levantarme de la mesa para pasar el resto de la hora de la comida paseando o leyendo. Finalmente, un día, salí a comer por mi cuenta. A la vuelta alguien me pidió disculpas por no haberme consultado para coordinar nuestros turnos del almuerzo. No lo decía porque hubiera sido una descortesía no tenerme en cuenta, sino que por sus palabras comer solo fuera unz experiencia a evitar a toda costa.

Desde aquel entonces muchas veces me he fijado en que soy de las pocas personas de la empresa que come sola. Una vez, en el descanso de media mañana, capté una conversación suelta a mis espaldas en el que alguien con tono de guasa llamaba la atención a quienes estaban con él sobre mí. Yo estaba en el comedor sin comer ni beber. Me limitaba a mirar por los amplios ventanales y de vez en cuando leía las noticias de Internet en mi móvil.

Y aquella historia de la madre que enseñó a su hijo a estar entretenido con sus pensamiento me abrió los ojos. Qué difícil resulta a la gente normal entender ciertas cosas. Alguien hace poco me lanzó la frase “¡Estarás siempre solo!” como si se tratara de una maldición bíblica. Por “siempre solo”, claro está, se refería a no tener pareja. Si le hubiera contestado le habría dicho que eso no me da miedo. Que lo que me preocupa es no llegar a vivir una vida plena y feliz, no conocer gente interesante de la que aprender cosas y no poder compartir mis inquietudes con mis pares.

Contaba el otro día la paradoja. Para evitar la hostilidad tuve que fingir que era un tonto o un loco. El truco estaba en aprovecha la incredulidad de la gente ante la idea de que se puede sentir pasión por los libros, ciertas músicas, por ver mundo… alejado de los gustos corrientes. Y su incapacidad para ver que hay una vida más allá de sus gustos e inquietudes les hace pensar que los que no somos como ellos estamos condenados a una vida de soledad, hastío y frustración. Quien me vaticinó una vida de soledad llegó a la conclusión de que mis inquietudes intelectuales y culturales eran sólo un intento de distinguirme de quienes me habían rechazado. Que mi afán de conocimiento era una forma de controlar una realidad que escapaba a mi voluntad. Que yo llevaba una vida triste y atormentada porque me odiaba a mí mismo y a mí manera de ser. Y que la gente a mi alrededor compartía su punto de vista. ¡Que yo quería ser como el resto!

Realmente me gustó vivir a tu lado, niña.
Me encantaba tu cuerpo, tu espíritu y tu ropa.
Pero, ¿ves esa fila que está entrando en la estación?
Te lo dije. Te lo dije. Soy uno de esos.

Rarito 22 Mayo, 2008

Posted by No Blog in Soliloquios.
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Cuando tenía quince años participé en un juego en el que tuve que escribir en diferentes pedazos de papel las cinco cosas que más deseaba en la vida. Durante el juego tuve que ir desechándolas hasta quedarme sólo con una.

Creo que aquel pedazo de papel con el que me quedé debe andar en alguna caja en casa de mis padres. Recuerdo perfectamente las otras cuatro. Una de ellas era “respeto”. Creo que fue una de las primeras que terminó en la papelera. Aguantar las burlas, la condescendencia y el desprecio de los demás por ser un empollón friki se convirtió en otro ritual de paso más en mi vida.

Con el tiempo comprendí que la gente se sentía intimidada por alguien más culto y brillante, sobre todo cuando ocupaba posiciones por encima de mí en una jerarquía. Así que encontré una forma de que no me tomaran por un pedante: Que no me vieran como una amenaza y que no me envidiaran. Me convertí en un payaso a propósito ante sus ojos. Un tipo extravagante y taciturno.

Sé que adoptar el rol se convirtió en un arma de doble filo. Yo que he anhelado toda la vida respeto tuve que convertirme en bufón para que me toleraran. Ser aceptado así era el camino obvio. Pero aproveché algo que ya estaba ahí. Aproveché la incapacidad de la gente de creer que alguien puede apasionarse por la música pakistaní, leer un tocho en inglés sobre algún tema de actualidad o lanzarse a viajar rumbo a lo desconocido con una mochila a cuestas. Veía que cuando la gente acude a consultarme alguna duda sobre materias de la más básica cultura general su explicación a que yo tenga la respuesta tiende a ser que se trataba de una materia bastante oscura y que sólo alguien con un conocimiento enciclopédico podía tener la respuesta. Disculpaban su ignorancia, su miedo y su mediocridad al compararse conmigo considerándome un pobre loco.

En el fondo nunca fue mal negocio. Me di cuenta que de quien neceistaba respeto era de mis semejantes. Con el resto conseguí algo: Espacio y tranquilidad. He podido hacer lo que me ha dado la gana muchas veces sin tener que dar explicaciones. “Él es así” decía la gente mientras se encogía de hombros. Muchos me tomaron por tonto y mostraron antes de tiempo su cartas conmigo. Por lo general me subestimaron. Y eso me permitía decir a la cara de muchos lo que pensaba en realidad de ellos entre risas generales. “Él es así” decía la gente.

Disimular y no ser yo mismo pasa factura. Pero me evita un mal mayor: Que se me escape el decirle a la cara a la gente lo que realmente pienso de ellos.

When it rains 21 Mayo, 2008

Posted by No Blog in Personal.
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Algún día, cuando mire atrás, pensaré que este día que acaba fue el comienzo de todo. El punto en que dejé de ser una promesa y un aspirante a algo y que empecé a ganarme la vida con aquello que me apasiona. Ya no seré un friki que se entretiene con temas raros. Ahora seré un analista. La gracia es que mañana no pasará nada. Todo seguirá siendo igual a pesar de que, como todos, sueñe con que llegue el día en un golpe de suerte me permita salir por la puerta de la oficina para no mirar atrás jamás. Lo que he conseguido hoy sólo es un sobresueldo y que mi nombre salga impreso en papel. Es sólo el comienzo. Pero nadie más que yo sabe lo que significa haber llegado hasta aquí.

Hoy creí que merecía la pena celebrarlo. Y salí de la oficina a la hora de comer para encontrarme un chaparrón de agua. Miré y me dije “sólo es agua”. Guardé las gafas, subí la cremallera de la chaqueta hasta arriba y salí a la calle con gesto decidido bajo la lluvia.

Fue extraño caminar bajo la lluvia viendo a la gente buscando refugio en los portales mientras el agua me empapaba el pelo y la cara. Cuando leí aquel el correo y tras cruzar el umbral de la oficina solté un “sí, sí…” enérgico seguido de varios tacos. Le di una patada a un muro. El mismo gesto que se me escapa cuando estoy realmente furioso. En cambio caminando bajo la lluvia en busca de un cajero para pagarme un buen almuerzo sólo sentía la calma que da la sensación de plenitud. Miré atrás pensando en los esfuerzos, los miedos y las dudas. Siempre lo hago cuando las cosas salen bien. Miro atrás, como quien desde lo alto de la montaña observa el camino de ascenso y recuerda las penalidades.

Mientras esperaba sentado por la comida en un restaurante italiano miraba por los ventanales y veía el agua gotear en la esquina de una mesa de la terraza. Simples gotas cayendo con un ritmo aleatorio. Todo era tan intenso que contemplar aquellas gotas me resultaba bello e hipnótico. Estar bien porque las cosas salen adelante hace que todo sea bueno e intenso. Es tan simple como eso.


(Nota: Esta es la única reproducción de “When it rains” de Brad Mehladau que he encontrado en la red. Obvien las imágenes y el sonido que interrumple la música por un segundo].

El hombre en el castillo 19 Mayo, 2008

Posted by No Blog in Soliloquios.
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El sábado por la noche salí. Una de esas ocasiones en que lo haces más que por ganas, por quedar bien con alguien. Y justo cuando llegué al centro de la ciudad pensé “Joder, si sólo tenía ganas de estar en casa. ¿Quién me mandaría a venir?” Es la clase de cosas que me solía pasar por la cabeza a mitad de la noche o al final de ella. Lo que me movía entonces era la sensación de que quedarse en casa un sábado por la noche era un acto de renuncia. Pero esta vez por primera vez en mucho tiempo sentí que lo que había dejado atrás al salir por la puerta era muchísimo más interesante que cualquier cosa que pudiera ofrecrerme el mundo externo. Y me alegré por ello. No recordaba aquella sensación de plenitud con mi mundo interior.

La semana pasada, no recuerdo qué día, me sentía hastiado en el trabajo sufriendo los pesados intentos de llamar mi atención de alguien rencoroso conmigo. Entonces, en un impulso, busqué alguna interpretación del Carmina Burana en Youtube. Allí estaba Seiji Ozawa dirigiendo a la Filarmónica de Berlín:

Y sentí cómo todo aquel vacío e inanidad desaparecían a mi alrededor. Un extraño regocijo difícil de describir. La Belleza se abría paso ante la mezquindad y la mediocridad. Pocas cosas en el mundo lo igualan. Y dándole vueltas a todo aquello me paré a pensar si todo aquel éxtasis no era más que la alucinación de un pobre demente: Un caudal químico anegando mi cerebro. ¿Tan simple es la vida que la felicidad es tan solo una alucinación neuronal? Tal como están las cosas ahora eso poco me importa.

Contra un muro de hormigón 13 Mayo, 2008

Posted by No Blog in Soliloquios.
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Una vez una chica intentó ligar conmigo por el MSN Messenger. Yo la conocía por formar parte de la misma comunidad de bloggers. Ella era convencional, cursi y neurótica. Y su intento de seducirme fue realmente infantil. Terminó insultándome. Diciéndome que yo era una piedra incapaz de sentir nada y que viviría enternamente infeliz. No me tomé nada en serio sus reproches. Sus palabras las tomé como la clase de cosas que salen de la boca de alguien cabreado. Sé que le movía el rencor y el despecho.

Me quedó la duda sobre qué pudo llamarle la atención de mí. Éramos completamente diferentes. En mi contacto esporádico por Internet con ella no recuerdo nada en común. Es algo que vi alguna vez repetido en el mundo real y terminó de forma parecida. Todas terminaron soltándome la misma sarta de reproches. Se quejaba de que yo era… tal cual soy. Y nunca entendí. Juraría que nunca fingí ni pretendí ser otro. Juraría que no hay que pasar mucho tiempo conmigo para comprender la clase de persona que soy. Y ellas se comportaban como consumidoras estafadas. O peor aún. Se sentían ofendidas por mi categórico desprecio a costas tales como las modas pasajeras y a los entretenimientos de masas insustanciales que ellas abrazaban con entusiasmo. Actúo así. Pienso así. Desde siempre. Y alguna que llegó a decir que le gustaban mis principios y mi integridad llegó incluso a tacharme de inflexible egocéntrico. Es lo malo de tener principios. No están en venta. No se despachan a gusto del consumidor.

En alguna parte andarán todas ellas. Dudo que alguna dedique un solo pensamiento a mi persona. Y si tal cosa sucediera me imagino las barbaridades sobre mí que saldrán de su boca. Lo asumo con cierta gracia. Dudo mucho que alguna llegase a entender algo de mí. Quizás lamento no haberlas sabido tratar mejor. Quizás yo me sentía más soprendido, decepcionado y perplejo que ellas para saber cómo actuar. Lo que me inquieta es pensar que me engaño trazando una raya imaginaria que separe aquellas mujeres convencionales que pertenecían a un mundo ajeno del mío. A lo mejor yo siempre fui así con todas. Y que lo único que separa del resto a aquellas chicas simples y convencionales es que al menos se atrevieron a reprocharme en voz alto lo que otras quizás pensaron y nunca dijeron.