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Apunte para mis biógrafos 24 Febrero, 2008

Posted by No Blog in Personal.
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Siempre me ha llamado la atención que hay una generación española de artistas, intelectuales, académicos y periodistas a los que una educación religiosa les volvió marcadamente anticlericales. Son sobre todo hombres ya maduros que vivieron los tiempos de Franco y cuyos padres enviaron a un colegio de curas. Y cuando uno lee entre líneas en las entrevistas o esbozos biográficos intuye que se trataban de niños de familias pudientes que enviaron a sus hijos a los que por aquel entonces eran centros de educación para la élite. Y ellos, que llegarían a ser cineastas iconoclastas o militantes comunistas, posiblemente jamás reconocerían que aquellos profesores severos que les inculcaron la ortografía, el latín o las matemáticas con disciplina militar les dotaron de unas herramientas intelectuales que luego les harían despuntar en la vida.

Hace un tiempo alguien me calificó de “impenetrable”. Y mi primera reacción fue replicar que los mecanismos internos de mi mente eran sencillísimos. Me frené al pensar que ciertamente son así pero que quizás para un observador externo era difícil encontrar la coherencia interna de mis acciones. Y pensé que explicarlo todo no me llevaría más de un hoja de papel por delante y por detrás. Pero puestos a tratar de hacer comprender a alguien el puñado de ideas rectoras de mis actos empezaría por algo que a pesar de ser importante dudo que alguna vez haya contado.

Fui católico practicante hasta los 19 y supongo que pocos repararán en el poso que dejó aquello. La primera idea de muchos será pensar en la moral sexual pero nunca nadie vino a aleccionarme al respecto. Supongo que ser un friki apocado fue el perfecto terreno abonado para que ciertas ideas del cristianismo arraigaran en mí: Mansedumbre, estoicismo, resignación, humildad… En mí se produjo una combinación explosiva. Por un lado mis padres me mandaron a un colegio de pijos para que recibiera una buena educación. Creo que la obtuve pero salí de allí con un profundo odio de clase. En el instituto me vinculé a la parroquia de mi barrio donde un grupo de seguidores de la Teología de la Liberación me inculcaron el sentido del compromiso personal y la militancia.

Hay una parte de todo aquello que ha sido siempre un lastre. Machacarse a sí mismo por un obtuso principio de humildad no creo que a estas alturas tenga nada de bueno. Pero por otro lado, la firmeza moral y la creencia en llevar los principios hasta el final sé que también surgió de allí. La persona que me calificó de “impenetrable”, se asombró tras haberme perdido la pista, al descubrir que con más de 30 años me había presentado voluntario para defender ciertos principios con un fusil en la mano. Le chocaba algo así en la misma persona que tras abandonar el instituto soñaba con largarse lejos de España como voluntario a América Latina. Para ella era tan contradictorio como para mí evidente.

Los poderes de la abuela Vitoriana 1 Febrero, 2008

Posted by No Blog in Soliloquios.
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Mi madre tiene una capacidad innata para de un vistazo o un simple intercambio de palabras analizar a las personas. Llegó un momento en que le dije que tenía poderes de “bruja” porque siempre acertaba.

Pero llegó el día en que me di cuenta que yo hacía lo mismo con igual éxito. Y cuando me habló de una abuela suya que curaba mediante rezos decidí llamar a esa capacidad “los poderes de la abuela Vitoriana”.

Todo es una broma porque con el tiempo comprendí que no existía tal capacidad intuitiva sobrenatural. Era todo un proceso racional en el que uno juzga a las personas analizando el lenguaje no verbal. La ropa, la mirada, la actitud, etc… te dicen si estás ante alguien encantado de conocerse a sí mismo o ante alguien que va por la vida pidiendo perdón por existir.

Eso es algo que puedes ver en una oficina en alguien que viene a una entrevista de trabajo desde que entra por la puerta. Es algo que ves en la adolescente con las uñas pintadas de negro con cara de odiar su vida que te cruzas en el metro. Que notas en la mirada de desprecio de la chica de culo perfecto.

Y el siguiente paso, claro está, es preguntarte qué imagen proyectas ante los demás. Preguntarte qué dices de ti mismo sin darte cuenta.

A todos nos gusta quitarle importancia a los pequeños detalles. “No voy a cambiar de corte de pelo sólo para agradar a los demás”. Cuando son esa clase de elementos los que usamos para juzgar a los demás. Queremos ir por la vida con ropa cómoda y un look informal, y esperamos que nos aprecien por nuestro interior. Mientras en las personas del otro sexo escudriñamos hasta sus uñas y las juzgamos en consecuencia.

Yo me he pasado media vida recibiendo consejos para que cambie de corte de pelo, use gomina, me ponga lentillas y vaya al gimnasio. No quiero ni imaginarme disfrazado con esas pintas.

Creo que quien me da esos consejos sólo ha entendido la mitad de las cosas. El aspecto físico es crucial para llamar la atención al otro sexo. Pero decimos mucho de nosotros mismos antes de abrir la boca a través de cosas que no cambiarían por mucho que me disfrazara de persona a la moda.

Y aunque pudiera hacerlo si le pusiera empeño, y ello tuviera un efecto inmediato en los demás, sé que renunciaría a esforzarme en resultar más interesante y atractivo a ojos de los demás. Es una renuncia voluntaria desoladora porque no hay nada más triste que poner empeño en llegar a ser la persona que querías ser y descubrir el rechazo de los demás.

Así que no le deis más vueltas. Yo en el fondo elegí esta vida. Y por eso detesto el mundo. Porque cuanto más me acerqué a lo que quise ser y hacer, más desprecio recibí.

El secreto de la vida 1 Febrero, 2008

Posted by No Blog in Soliloquios.
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Perdona que te lo recuerde. No es algo que se tenga en cuenta a menudo porque el chiringuito de muchos se iría al carajo. Pero tu vida se acaba. Cada segundo que pasa, cada segundo que se va para siempre, te acerca un segundo más a la muerte.

No, no te ofendas. No digo esto desde algún tipo de superioridad moral. A mí también me pasa. Yo también me muero. Y soy terriblemente consciente de ello. De hecho, me aterra.

Ha sido siempre un miedo superior a mí. Durante mucho tiempo conseguí no pensar en ello. Imaginaba que sucedería en un futuro muy remoto. Pero un día descubres más canas de las habituales en tu cabeza y despiertas a la realidad del paso inexorable del tiempo.

Y ahí está la clave. Por eso me tomo tan a la tremenda vivir cada día lejos de mis sueños.