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Y ella usó mi cabeza como un revólver 18 Julio, 2007

Posted by No Blog in Galería de Personajes.
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Al segundo mes de la carrera me di cuenta que no encajaba en ninguno de los grupos que se iban formando por afinidad. Yo le sacaba seis años a la mayoría de mi compañeros. Ellos acababan de salir del instituto. Yo venía de la calle, de trabajar en precario como técnico informático. Ellos tenían todo el tiempo del mundo por delante. Yo las prisas del que quiere acabar la carrera porque sentía que vivía una prórroga en casa de mis padres.

En aquel entonces caí en la cuenta que estaba prestando demasiado atención a cierta compañera. Mi raciocinio me decía que era una forma de buscar apego a alguien en un entorno en el que me sentía perdido. Me deslizaba por una pendiente y era el momento de cortar por lo sano. Pero, ¿por qué hacerlo? Llevaba años como el típico empollón friki que llevaba su enamoramiento por alguna chica en silencio, resignado a ver que era siempre otro quien recibía atención.

Miro para atrás y me cuesta entender por qué me fijé en ella. Algo me dice que tiendo a encapricharme en la clase equivocada de chica. Puede ser porque yo mismo reconozco que en el largo plazo nunca me veo al lado de ellas. Puede ser porque yo sea rematadamente idiota. Me acuerdo de escucharla hablar en la cafetería de la facultad con gran vehemencia siguiendo el mismo guión de rebelde guay que la supuesta hija de Curry Valenzuela. Por eso me hace tanta gracia el blog de Beta. Me parece una simpática colección de topicazos que ya he escuchado varias veces: Drogas, bisexualidad, promiscuidad sexual, tríos, confrontación con los padres, anticlericalismo, provocación, una necesidad imperiosa de llamar la atención, etc. Alguien que no la tenía en gran estima describió un día su actitud como histriónica. Yo en mi ingenuidad la tomé en serio.

Años después al irme a vivir en una gran ciudad creí verla en todas partes. Creí por momentos que a pesar de todo seguía sintiendo algo por ella. Hasta que un día caí en la cuenta que si la veía en cada esquina era simplemente porque su estética no era otra cosa que el uniforme oficial de las alternativo-guays cosmopolitas y urbanas. Ella no era más que un clon entre millones que tomé por alguien original en el ambiente provinciano y sin horizontes donde nos habíamos criado.

Tendría tiempo de descubrir que todo aquello era pura fachada. Pero cuando lo hice mi interés por ella no aminoró. Quizás sucedió lo contrario precisamente por descubrir su vulnerabilidad y su fragilidad. Cada vez que hablábamos descubría en nosotros una cierta afinidad. Pero nunca ella dio el paso de plantea quedar un día fuera de clase. En aquel momento su vida personal pasaba una etapa tumultuosa por culpa de un ex-novio. Según ella, él insistía en volver y le hacía toda clase de reproches porque él sentía que había quedado abandonado y tirado en el arroyo después de haberle ayudado a ella a pasar los años difíciles de la adolescencia. Tiempo más tarde sabría que las cosas no eran exactamente así. Pero di por buena su versión. Lo que ella me contaba me parecía un vulgar caso de chantaje emocional. Pero nunca estaba dispuesta a discutir el asunto conmigo. “Tú no entiendes lo mío con él” sentenciaba siempre.

El asuntó se complicó cuando al reparto de la obra se añadió un compañero de clase igualmente interesado en ella. Se terminó convirtiendo en mi mejor amigo en la universidad de tanto tiempo que pasábamos los tres juntos. Le vi con más posibilidades que yo de llegar a algo con ella, así que en el segundo cuatrimestre intenté discretamente retirarme de escena. Tres son multitud. Cuatro era el camarote de los Hermanos Marx.

Pasó el verano y el comienzo del segundo curso supuso que todo volviera a empezar. Sentía que mi clase se había fraccionado en grupos muy compactos y homogéneos. Y yo no tenía cabida en ellos. Creo que me lo había ganado en parte descuidando el trato con el resto de la clase. Terminé formando un trío de parias sociales con ellos dos.

Un día ella acudió a mí. Se sentía agobiada ante la insistencia de mi amigo por quedar y hacer cosas juntos. La verdad es que ella era muy dada a hacerte sentir algo más que un amigo. Tiempo más tarde tendría oportunidad de reprocharle su ligereza de palabra, y descubrir su sorpresa ante afirmaciones salidas de su boca que yo recordaba perfectamente y ella había olvidado. Pero yo me había resignado a que mi frágil amistad con ella nunca terminara de cuajar, mientras él parecía desesperarse porque ella no cumplía su palabra.

Poco a poco, a partir de aquel acercamiento, surgió una mayor confianza entre los dos. Hasta que yo, ya incapaz de reprimir lo que sentía, no tuve más remedio que exponérselo. Me dijo que no quería más que amistad conmigo. Y al contrario que esas chicas que sueltan el manoseado discurso “te quiero, pero como amigo” ella se mostró preocupada por mí y cómo me sentía después del rechazo. Terminó por replanteárselo y comenzamos una relación. Ella supo en aquel momento que era una relación condenada al fracaso, pero aún así siguió adelante.

La atracción de mi amigo por ella continuó como si tal cosa. Se comportaba en todo momento como si yo no existiera. Ante una situación así no supe cómo actuar. Por encima de todo era un amigo y me resultaban evidentes sus sentimientos, aunque no tenía claro a qué aspiraba exactamente. ¿Que la compartiera con él? No quería herirle por lo que delante de él nunca nos comportamos como pareja. Quizás eso lo empeoró. Porque contribuímos a fortalecer su fantasía de que nuestra relación era frágil, pasajera o inexistente. Un día nos vio despedirnos en la parada del autobús con un beso inocente en la mejilla y me preguntó si nos habíamos besado en la boca. Mi negativa pareció aliviarle. “Ah… Entonces no habías llegado a esa fase” vino a decir. Hacía tiempo que ella y yo empañábamos los cristales de su coche en lugares discretos y él se creyó que ni siquiera nos besábamos.

Justo cuando la relación pareció consolidarse comprendí la situación. Ella no vivía el agobio de un ex-novio, sino el de una ruptura conflictiva que quería arreglar. Y un día lo vi claro. “Ocupo el lugar de otro” me dije. Era una situación turbia y conflictiva que tenía que haber cortado cuanto antes. Pero me quise aferrar a aquella relación pensando que había llegado el momento de mostrar un poco de amor propio y luchar por alguien. Con más motivos sabiendo que dejarla significaba dejarle la puerta abierta a otro. Esperaba que ella actuara de forma lógica y racional. Que evaluara lo que le aportaba cada cual. Y lo que hizo fue romper conmigo para volver a intentarlo con el otro.

Su intento de reconciliación con el ex-novio duró poco. Una noche me llamó llorando tras una bronca que había terminado con él lanzándose de su coche en marcha. All poco tiempo, justo el primer día del tercer año de carrera, la vi entrar en mi facultad con aquel ex-novio. Al rato se sumó amigo que parecía no importarle jugar el papel de comparsa. Me distancié de ellos dos.

Viva cada día en clase como un tortura. Ante los demás nada había pasado mientras yo sufría en silencio repasando nuestra relación y sintiéndome un completo estúpido. Me había negado a aceptar algo evidente respecto a su ex-novio. Tampoco había sabido exigirle a ella que marcara unos límites razonables a aquel amigo que parecía comportarse como si yo no existieria.

Un sábado por la noche me llamó desde un cabina de un pueblo pequeño y turístico. Se había refugiado allí para pensar. Me contó lo harta que se sentía de aquel amigo ahora omnipresente ahora en su vida. No sólo compartía clases, obligatorias y optativas, de lunes a viernes, sino que los fines de semanas lo encontraba en su escuela de teatro y en otras actividades sin que ella lo hubiera invitdado. Me resultó irónico y divertido que había sido ella quien lo había invitado a su círculo social, donde yo nunca entré, y aquello se hubiera vuelta en su contra.

Recuperamos el contacto dando pequeños pasos y retrocediendo, apesadumbrados por volver a andar el mismo camino. Pasaron unos pocos meses hasta que perdimos el miedo y asumimos que aquello que había entre los dos no era una relación al uso, pero era una relación al fin y al cabo.

Pasaron meses y volví a sentirme igual. Algo secundario en su vida. Era una relación llena de carencias, como la primera. Pero en mi ingenuidad e inexperiencia atribuía muchas de ellas a rasgos de personalidad. No es que ella fuera fría conmigo. Es que ella no era una persona cariñosa. No es que a ella le costara encontrar tiempo para mí. Es que ella era una persona muy ocupada. Sólo cuando viví más tarde una relación con alguien que tenía los cinco sentidos puestos en mí descubrí lo engañado que había estado.

Al final del tercer curso, cuando ella y yo habíamos estado de acuerdo en acabar con lo nuestro, aquel amigo llegó un día muy contento a contarme que se iba de viaje con ella, quien en su momento había rechazado mi propuesta de hacer una escapada a Berlín o Barcelona juntos. “Eso es muy como de pareja, ¿no?” fue su excusa. Ello y yo habíamos hablado de las intenciones y los actos de él. Pero parecía confiar en una recuperada inocencia de sus intenciones.

Sé la versión de cada uno de lo que pasó aquel verano. Y se puede resumir que nada pasó entre ellos y ahora se detestan. “Eres adivino. ¿Cómo sabías que iba a terminar mal?” me dijo ella cuando la vi a principios del cuarto año. Encogí los hombros. Era previsible.

Terminé el cuarto año de carrera y me marché lejos de casa. A ella terminé por perderle la pista. Hasta el domingo. Hablamos sobre qué había hecho cada uno en este tiempo, de por dónde andaban algunos de nuestros antiguos compañeros de clase y nuestros planes de futuro.

Faltaba ya menos de una hora para que saliera mi autobús y no sabía cómo llevar la conversación a nuestro pasado común. Le conté que había encontrado a su ex-novio en el lugar donde mis padres pasan sus vacaciones. Iba de monitor de un grupo de niños. Y me contó que planeaba venir a vivir a mi ciudad. Me pidió incluso el número de móvil por si al final llevaba a cabo sus planes. A ella se le cambió la cara cuando terminé de contar el encuentro. Empezó a echar pestes de él. Y entonces me contó cómo había roto contacto y relación con él. Y así empezó todo.

Me habló de cómo se arrepentía de haber perdido el tiempo con aquel ex-novio. De cómo no había sabido o querido ver las intenciones evidentes de aquella cuarta persona en discordia. De cómo no había sabido pararle a tiempo. De cómo se arrepentía de tantas y tantas cosas. Nos preguntamos habríamos llegado si ella hubiera comprendido las cosas que sabe ahora y que yo vi claras desde el principio. Seis años después, los que me separan en edad de ella, descubrí con ella la posibilidad perdida de una felicidad común que no fue. Descubrí que aún se arrepentía de no haber hecho aquel viaje a Berlín conmigo. Confesamos que atesorábamos el disfrute de música o textos que cada uno le había descubierto al otro, y regalos que habíamos recibido del otro.

Me propuso vernos en un futuro próximo. Me ofreció poder quedarme en su piso y me pidió que buscara actividades que a ella le pudieran interesar en mi ciudad. Me lo creí todo. Como noté que fue sentido aquel abrazo interminable de despedida en el que se colgó de mi cuello, que besó justo antes de separarnos. Y hoy, tres días después no sé nada de ella. Tan típico: Hacerte creer en un vínculo especial para luego descubrir que los hechos no respaldan sus palabras. Algo me dice que volverá a desaparecer entre las brumas de un pasado que, por fin, descansa en paz.

Comentarios»

1. latino de hispalis - 20 Julio, 2007

visita el blog de mi madre es idiota y pincha sobre la foto de los taxis. esta se hace mas grande y a la derecha abajo me verás a mi mí junto al tio del abrigo y la bufanda. Sorprendido?

2. No Blog - 20 Julio, 2007

Pues si tú eres la farola o la papelera, la verdad es que sí.

3. Elia - 20 Julio, 2007

Lo sorprendente es que vayan todos tan tapados, menudo frio hace en Nueva York en el mes de Julio.

Me encantan tus historias.

4. trosky - 20 Julio, 2007

latino, que eres, el del movil???
y quien narices eres, tendriamos que conocerte o algo?

5. NoBlog - 20 Julio, 2007

He releído el texto y se me han colado unas cuantas erratas, por no hablar de frases mutiladas por culpa de la modificación y reedición. Es lo que tiene escribir de madrugada. Esta noche lo arreglo y pulo.

Por cierto, sobre la foto de Beta en su blog. ¿Mes de julio y gente con bufanda en Nueva York?

6. azura - 20 Julio, 2007

Uno hablando de cosas transcendentales y la gente saliendo por peteneras…
Cerrar círculos…

7. No Blog - 21 Julio, 2007

Para los que no sepan de que va la película

“latino de hispalis” (tres faltas de ortografía en un solo nombre propio) dejó un comentario en el blog de Hija Idiota echando pestes de la autora como exponente de la fauna que pulula por las facultades de Sociología.

Y claro, fue tocarme la Sociología e intervenir.

Por cierto he hecho limpia de errores de sintaxis y mecanografiado. Y he retocado algún que otro párrafo que no me convencía.

8. nnapo - 27 Julio, 2007

Parece que NoBlog no escribe si su amiga Azura tampoco lo hace. ¿Me equivoco?

9. No Blog - 28 Julio, 2007

Parece que ando muy ocupado úlltimamente. Y ella está en una especie de campamento de trabajo – curso intensivo sin acceso fácil a Internet.

10. nnapo - 29 Julio, 2007

Parece que no era totalmente en un tono serio :)

11. Benijo - 5 Agosto, 2007

Este post me ha hecho recordar cosas lejanas para mí. No quiero entrar a discutir detalles, cada uno tiene su versión de las cosas y parace que por mucho que explique, a estas alturas, no soluciona nada. Cuando eso yo estaba en la última fase de la adolescencia, dando los últimos remates a la personanilad y esas cosas, con mis inseguridades, dudas,etc. Y me aferraba a lo que creía que podía merecer la pena.
Eso sí, y aunque nadie me crea, yo no quería más que amistad con ella. Una amistad más estrecha, pero no confundida con otras cosas ni pasando ciertos límites. Es más, cuanto más la conocía y veía lo que les hacía a los demás, menos interés podía tener para mí el querer una relación con ella. El resto creo que son todo malentendidos.

Al final, todos salimos escaldados. Siento las molestias ocasionadas por mi parte, aunque sea tarde.

12. No Blog - 19 Agosto, 2007

Parafraseando a Reverte aquella fue una guerra que perdimos todos y comparto su opinión sobre quien mete la cuchara en asuntos ajenos.

13. La sonrisa de la víbora « No Blog - 21 Agosto, 2007

[...] La sonrisa de la víbora 21 Agosto, 2007 Posted by No Blog in Soliloquios. trackback Pues no. No cambió de idea tras despedirse de mí aquel día a la vuelta de mis vacaciones. [...]

14. Todo lo que ella necesitaba « No Blog - 20 Noviembre, 2007

[...] los pocos meses de conocernos yo empecé una historia con la compañera de clase que marcó el resto de mi vida universitaria. Y creo le perdí un tanto la pista. Quién sabe qué hubiera pasado por mi cabeza si hubiera [...]

15. Kill your idols (I) « No Blog - 3 Enero, 2008

[...] este blog y no sé por qué ha pasado el tiempo y no lo he hecho. He hablado de chicas con quienes tuve una relación. De compañeras de facultad con las que tuve claro casi desde el principio que sólo seríamos [...]

16. Kill your idols (y III) « No Blog - 3 Enero, 2008

[...] Conocí en la carrera a alguien que respondía más o menos a lo que yo esperaba encontrar en una mujer y lo nuestro resultó un desastre por una razón muy simple. En la vida real alguien así nunca sería feliz al lado de alguien como yo. En aquel momento todo pareció cuestión de las circunstancias. Ella me había escogido a mí como tabla de salvación en un momento de debilidad. Pero cuando me planté en Italia caí en la cuenta de algo. Mi amiga italiana vivía en una ciudad famosa por su vida cultural e intelectual, todo un bastión de la izquierda con una universidad centenaria. Ella conocía personalmente a artistas e intelectuales de fama europea. ¿Qué habría pensado al conocerme? Para mí ella era como un sueño hecho realidad. Yo en cambio era un simple empollón friki de una ciudad de provincias. Uno más entre los cientos de tipos desgarbados, con gafas, pretendidamente intelectuales y torpes en sus relaciones con las mujeres que debían haberse cruzado a lo largo de su vida. [...]

17. Kill your idols (y III) « No Blog - 5 Enero, 2008

[...] Conocí en la carrera a alguien que respondía más o menos a lo que yo esperaba encontrar en una mujer y lo nuestro resultó un desastre por una razón muy simple. En la vida real una mujer como yo soñaba nunca sería feliz al lado de alguien como yo. En aquel momento todo pareció cuestión de las circunstancias. Alguien especial me había escogido a mí como tabla de salvación en un momento complicado de su vida. Pero cuando me planté en Italia el abismo insalvable entre yo y alguien que encajaba en mi arquetipo deseado resultó verdaderamente chocante. [...]

18. Cerrando el círculo « No Blog - 1 Junio, 2008

[...] cuanto más escribía del pasado más me daba cuenta que en realidad describía círculos sobre un mismo tema sin atreverme a tocarlo. Necesitaba más que saldar cuentas con el pasado saldar cuentas con un [...]