Terapia intensiva 12 Mayo, 2007
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Una vez una ex-amiga alternativoguay puso cara de verdadera sorpresa cuando le comenté que no consumía ningún tipo de droga y que jamás las había probado. Estábamos con una amiga suya, y las dos parecieron muy interesadas en mis razones que presuponían incomprensibles. El rarito era yo. Ahora pienso cómo es que no les devolví la pregunta para convertirme yo en el interesado en obtener una explicación razonable. La cuestión es que no he escuchado a nadie dar una explicación convincente de por qué consumen drogas. A pesar de los argumentos pseudointelectuales sobre expandir los sentidos y alcanzar un grado más alto de conciencia jamás he conocido a nadie que confesara haber descubierto gracias a las drogas cosas de sí mismo que le permitieron ser mejor persona o encarar la vida de una manera más positiva o simplemente fácil.
La verdad es que no recuerdo qué les dije a aquellas dos chicas. Sé que no me explayé. Y que si les hubiera contado algunas de mis razones sinceras no las hubieran entendido. Las drogas me resultan innecesarias. Obtengo resultados parecidos por vías diferentes. Y una de las principales es la música.
Hay música que es como un refugio al que acudir cuando se necesita. No falla. Por eso Beethoven es el fiel Ludwig. Y hay canciones que quedarán por siempre asociadas a una fecha, un lugar y unas circunstancias: La versión en directo de “Running to stand still” de U2 y mi último año en el instituto; “Runaway Horses” de Philip Glass y los años comprendidos entre el instituto y la universidad; subí la escalinata de mi facultad el primer día de clase en la universidad con “Father Kolbe’s Preaching” de Wojciech Kilar en mi mente. Recuerdo estar un día de mi primer año de carrera tumbado en la cama con la luz de la mañana inundado mi habitación y escuchando “O sonho” de Madredeus. Eran los tiempos en que había empezado una nueva etapa de mi vida llena de promesas.
Recuerdo también los últimos meses de carrera, en los que compaginaba estudios y trabajo. Robaba horas al sueño para cumplir con ambas obligaciones sin poder nunca rendir en ninguna al 100%. Y acompañaba aquellos momentos de tecleo febril ante el ordenador con canciones como “Prophesy” de Nitin Sawhney o Shohmyoh de la banda sonora de la película Akira que reflejaban mi estado de ánimo. Música que me altera, me acelera el pulso y el ritmo de la respiración, y que yo escuchaba a todo volumen. Ayer fue uno de esos días en los que te ves superado por las circunstancias. Obligas a tu cuerpo a ignorar el cansancio y la falta de sueño. De madrugada sientes un abatimiento que te impulsa a desplomarte en el suelo para echarte a llorar porque no das más de ti. Por el día, según se acerca la hora de enfrentarte a lo que te da miedo, la angustia te atenaza la garganta, te oprime el pecho y te revuelve el estómago. Y entonces, el milagro.
Fluyo…
Soy la maravilla
el país de Alicia.
Magia. Improvisación. Todo sale rodado. Minutos de gloria ante tus semejantes que valen más que cualquier otra cosa. Y en esta ocasión, la segunda en semanas, salí a la calle en una tarde soleada con el reproductor MP3 a un volumen insano en mis orejas escuchando a Tote King cantar “Hoy es el primer día del resto de tu vida”.
Cerca de la ventana
buscando el aire
soltando vapor.
Ciego como una bestia
nunca he estado mejor.
Música. No necesito otra cosa.
Es eso.
No necesitabas otra cos(it)a.
“Magia. Improvisación. Todo sale rodado. Minutos de gloria ante tus semejantes” … Qué intriga! ¿qué es “Todo”?
oye, al final te irás adonde los tulipanes sin que te desee buen viaje.
ya sabes: no te fíes de nadie, vigila bien tu equipaje y, sobre todo, pásalo bien. Buen viaje!
[...] la incredulidad de la gente ante la idea de que se puede sentir pasión por los libros, ciertas músicas, por ver mundo… alejado de los gustos corrientes. Y su incapacidad para ver que hay una vida [...]