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Puras fachadas 16 Diciembre, 2006

Posted by No Blog in Galería de Personajes.
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Hace poco saliendo del cine me encontré de pura casualidad a una vieja conocida. Ahora vive en otra ciudad y estaba en esta de paso. Llevábamos mucho tiempo tiempo sin vernos porque hace dos años decidí un día que no quería verla más.

Tras el encuentro llegué a casa con una extraña desazón. Una sensación incómoda que fue muy frecuente en mi vida durante otro tiempo. Era la época en que mi vida social estaba llena de relaciones vacías y artificiosas. Aquellas experiencias dejaron tal huella en mí que hablar del tema fue lo que me animó a escribir este blog y ordenar mis recuerdos en la Galería de Personajes.

No recuerdo cuándo empezamos a relacionarnos. Coincidimos en el primer año de carrera. Era guapa, una buena estudiante y tenía un novio que muchas chicas consideraban perfecto para ella. Él era un estudiante brillantísimo al que todo el mundo auguraba un gran futuro en el mundo académico. Compañeros de clase de él me contaron que era capaz de poner en un aprieto a los profesores con sus preguntas y observaciones. Él se quejaba de lo anticuadas que eran las teorías de los profesores de nuestra universidad. Y se reía de lo que ella y yo estudiábamos en nuestra carrera con un aire de superioridad y prepotencia que me puso en guardia. No disimulaba que se sentía superior. Ante alguien tan fantástico y estupendo, según todos, yo adopté el papel de bobo maravillado. Éll se reía de mí en mi cara creyendo que no me daba cuenta del verdadero sentido de sus bromas. Yo sonreía como si no entendiera el significado cruel de sus burlas.

Un día coincidí con él y su grupo de amigos en la cafetería de la universidad. Habían formado una asociación para fomentar el debate y el espíritu crítico en su disciplina académica. Mientras no nos escuchaban los demás, él me habló la asociación como su grupo con una sonrisa burlona lleno de autosuficiencia. Durante una breve ausencia de uno de los presentes habló mal de él. Aquel breve encuentro me dijo todo lo que necesitaba saber de él.

Yo ante ella adopté el papel de empollón friki y bufón, que es el único que los empollones podemos representar para ser aceptados por la gente normal. Como ella tenía novio sabía que no podría haber malos entendidos entre los dos. Pronto me llamó la atención que cada vez que hablaba de su novio nunca decía nada bueno. Cuando salíamos en grupo yo siempre la animaba a que invitara a su novio a venir con nosotros. Pero él parecía nunca tener tiempo para ella. Siempre estaba ocupado con sus amigos o sus estudios.

A ella me me la encontraba a menudo después de clase sola y aburrida sentada en un banco esperando a su novio que parecía tener un sentido de la puntualidad peculiar. Yo bromeaba diciendo que era lógico porque la puntualidad, los horarios y el tiempo preciso eran conceptos de las viejas teorías que él rechazaba. Llegamos a reírnos de él delante suyo, demasiado ocupado con otras cosas para prestarnos atención.

Cuando comenté ante un grupo de chicas que no entendía cómo una pareja así podía estar junta ellas me miraron con contrariedad. “¡Hacen taaan buena pareja! respondieron extañadas de que yo viera algo malo en su relación. Eran como una pareja de portada de revista. ¿Qué más se podía pedir?

No recuerdo cuándo fue pero hicimos planes ella, otra compañera de clase y yo para ir a un concierto de música clásica gratuito. La otra chica no pudo ir por un problema familiar de última hora y fuimos los dos solos. La llevé de vuelta a su casa en coche. Lo que empezó como una mera despedida se convirtió en una larga conversación. Terminé por apagar el motor. No recuerdo de qué hablamos exactamente. Sí recuerdo las sensaciones. Nunca fuimos verdaderos amigos. Siempre fue una persona muy reservada y misteriosa. Y por una vez aquella noche pude intuir lo que había al otro lado del muro. Una triteza y soledad de la que no se atrevió a hablarme.

Acabamos la carrera, y ella y yo nos fuimos a vivir lejos de casa a otra ciudad. No me sorprendió saber que su novio y ella habían roto la relación. Yo mismo había anticipado que sucedería. Todo el mundo sabe cómo funciona la universidad española. Y alguien que había elaborado muchos “contactos” entre el profesorado de nuestra universidad no iba a renunciar a ello por una chica con la que tenía una relación que hacía aguas.

Nos vimos al poco de empezar yo a vivir en mi nueva ciudad. Yo acaba de romper una relación para empezar una nueva vida y ella era ahora una chica sin novio. Me resultó extraño. Porque mientra tuvo novio sentía que había una barrera infranqueable que me permitía hacer bromas sin ser malentendido. Yo nunca había pensado en ella más que como compañera de clase. Sin novio se abría la puerta a otras cosas. Definitivamente todo cambió.

Nos veíamos muy de vez en cuando. Siempre era yo el que tomaba la iniciativa y la mayoría de veces ella tenía una excusa tonta para no salir. Algunos llegaron a ser realmente ridículas. La mayoría de veces quedábamos los sábados por la mañana para ir a conciertos de música clásica. Luego, a la salida, charlábamos sobre temas intranscedentes durante un paseo no muy largo. Un día le dije que sospechaba que su idea de sólo invitarme para ir a conciertos era una manera para no tener que hablar conmigo.

En nuestros días de universidad dudaba qué había realmente tras aquella timidez. ¿Una persona inteligente pero reservada? ¿O se trataba de una buena estudiante con una pobre vida interior? Pasó el tiempo y tras la superficie no descubrí nada. Y me harté realmente cuando tras un largo tiempo sin tener noticias suyas se puso en contacto conmigo para pedirme que hiciera algo por ella. En aquel entonces empezaba a resultarme evidente que lo que me unía a ella era simplemente mi necesidad de vida social. Estaba solo en una gran ciudad lejos de mis amigos. Y me aferraba a relaciones vacías porque eran las únicas que tenía.

Finalmente decidí desaparecer de su vida. Tuve noticias de ella a través de terceras personas. Supe que tenía un nuevo novio que había llegado tarde a un fiesta porque regresaba de una manifestación contra el matrimonio entre homexuales. Me reí mucho cuando me lo contaron: Un novio rico, católico y de ultraderecha. Supe también que se había cansado del trabajo que tenía y había vuelto a nuestra ciudad. Allí le había pedido a una profesora de la universidad para que le consiguiera trabajo en un proyecto en otra ciudad. Las recomendaciones obraron el milagro.

Cuando nos vimos el otro día me lanzó puyas poco disimuladas por haber desaparecido. Y la incomodidad que sentí me dejó la duda. ¿Era por recordar lo estúpida que había sido nuestra relación? ¿O por recordar cómo yo permití que algo así sucediera?