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Basados en hechos reales 5 Junio, 2006

Posted by No Blog in Humor.
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Tripod es un trío musical humorístico australiano que parecen conocer bien el mundo de los frikis.

Frikis patéticos 5 Junio, 2006

Posted by No Blog in Fobias.
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El pasado día 25 de mayo se llevó a cabo un intento de celebrar en Internet el Día del Orgullo Friki. La idea puede parecer simpática. Pero dudo que a estas alturas los frikis sea un colectivo social enfrentados a un estigma que deban combatir.

De un tiempo a esta parte te puedes encontrar a un estudiante de arquitectura hablándote sin despeinarse de la arquitectura de Los Angeles en Blade Runner o de Neo Tokyo en Akira. O a un abogado contándote cómo es que aún conserva su colección de cómics de la Patrulla X. Autores como Bruce Sterling o Frank Miller han contribuido a que la ciencia ficción o el cómic sean artísticamente respetables. Pero la clave de toda está en que máquinas de amasar dinero como Quentin Tarantino y Robert Rodríguez se han convertido en ejemplos de que los frikis, habiendo dinero por medio, pueden llegar a ser tipos respetables.

El número de referencias que he manejado en un párrafo da cuenta de lo friki que soy. Pero si bien uso el término con frecuencia para referirme a mí mismo, a falta muchas veces de un equivalente en castellano de geek y nerd, me distencié de ese mundo hace tiempo. Las claves las podemos hayar en el Manifiesto Friki colgado en la web que lanzó el Día del Orgullo Friki.

En su peor sentido, un friki es un niño grande. Un tipo que dejó hace mucho tiempo la adolescencia y pareciera que sus gustos no han evolucionado desde entonces. La ciencia ficción, la fantasía, los videojuegos, los cómics y cualquier otro material de consumo para frikis, podría decirse, alimentan la imaginación. No hay nada de malo en ello. El problema es cuando uno descubre que el componente de evasión que tienen todos esos mundos imaginarios es el hilo que conecta al friki con la realidad.

El friki se refugia en mundos fantásticos porque su vida material, aquí y ahora, le resulta frustante. El friki, especialmente cuando es un empollón, va por el mundo manteniendo una aséptica distancia con todo. No comprende el afán de las masas por cosas como el fútbol o las modas, cuando el prefiere aficiones que implican un desafío intelectual. El friki se sabe inteligente, creativo y brillante. Pero se pregunta por qué entonces no ha alcanzado en la vida reconocimiento social y una remuneración económica acorde con su potencial (*).

Hay frikis que juegan al papel de amigo sensible, creativo y cariñoso con los miembros del otro sexo, sin tener reparos en contar a quien quiera escucharle sus lamentos sobre su poco éxito en el amor (y el sexo). Ve pasar los años preguntándose por qué si él es tan especial las persona del otro sexo no se dan cuenta. Pareciera que, en cambio, otros frikis han alcanzado algún tipo de nirvana asexual. El otro sexo no existe. Triste decirlo, es pura fachada. No es casualidad cómo el universo de los frikis juega con las pulsiones sexuales latentes o los anhelos románticos. La cosa ha llegado a tal punto que casi podríamos hablar de la existencia de un género que podríamos llamar chicas repartiendo hostias vestidas con ropa muy ajustada (Lara Croft, Matrix, Underworld, Ultraviolet…). Erotismo fetichista camuflado como ciencia ficción. Sin olvidar esos mundos de fantasía con románticas hadas, príncipes guerreros y gentiles princesas que caen rendidas a sus pies.

Si la cuestión fuera únicamente que a ciertos frikis se les puede reprochar que no sean sinceros acerca de sus sentimientos mis apreciaciones serían una amonestación irrelevante. Lo que me llama la atención es cómo los frikis se retratan a sí mismos como especiales, fuera del sistema, originales o a contracorriente, cuando en realidad abrazan sin consideración crítica alguna el consumismo más alienante. Un friki podrá contarte orgulloso los cientos de euros que se han dejado en una pieza de merchandising que tiene de especial el llevar el rótulo “pieza de coleccionista” y a continuación mostrarte su desprecio por un pijo que presume de su móvil de última generación o de sus nuevas gafas de sol. Un friki podrá abominar de las telenovelas latinoamericanas y a su vez contarte el número de veces que fue a ver al cine la segunda y abominable precuela de “Las Guerras de las Galaxias”.

Cuesta entender que personas tan inteligentes, imaginativas y brillantes sucumban de una manera tan lamentable en el hiperconsumismo. Hasta que ves en la mirada del friki esa felicidad plean pero enfermiza porque por fin, previo pago, tienen en sus manos el DVD edición limitada, el pack platinum del videojuego con los nuevos niveles secretos o la edición exclusiva en tapa dura para el mercado japonés con páginas en color adicionales. Descubres entonces que el friki es sólo un pobre desgraciado.